No hace falta conspiración
Una conspiración puede ser arrestada. Lo que muestra el registro es peor: una estructura que funciona sin ella.
Cuándo ocurrió
- 1926 "Stop this brain" Gramsci arrested; the prosecutor demands twenty years without the brain functioning. The notebooks begin in 1929.
- 1935 The salary line Sinclair, freshly slandered out of the California governorship, compresses the sociology of ideology into one sentence.
- April 1947 Mont Pelerin The long campaign founded as a learned society: statement of aims, conferences, proceedings. Elite coordination, minuted.
- 1956 The Power Elite Mills maps three interlocking hierarchies and explicitly disclaims conspiracy: the coincidence of interest does the work.
- 1966 Reification named Berger and Luckmann: institutions made by people confront the next generation as facts of nature.
- 1970 La Reproduction Bourdieu and Passeron measure the schools consecrating inheritance as merit.
- 1971 The memorandum and the burglary Powell’s open programme for a counter-establishment leaks, to no scandal; eight burglars in Media, Pennsylvania end COINTELPRO with a mailing. The structure survives exposure; the conspiracy does not.
- 1988 Manufacturing Consent Five filters staff the press with sincere believers. The model is mistaken for a conspiracy theory to this day.
- 2011 The Folly of Fools Trivers: self-deception evolves in the service of deception. The best liar believes it.
- 2014 The spreadsheet Gilens and Page: elite preferences predict policy; the median voter’s, controlled for elite opinion, predict almost nothing. No leak required.
Los términos marcados llevan una definición breve: pasa el cursor o toca en pantalla táctil.
«Es difícil hacer que un hombre entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda.»
— Upton Sinclair, I, Candidate for Governor: And How I Got Licked, 1935Veinte capítulos de esta crónica han descrito ya cinco siglos de comportamiento tan consistente que parece planificado: la misma frontera trazada y vuelta a trazar, los mismos argumentos suministrados a tiempo, los mismos intereses servidos bajo cinco vocabularios. La inferencia natural, y la más antigua, es que alguien lo está planificando: un comité, un linaje, una sala. Este capítulo es donde la crónica se detiene a decir, con todo el cuidado que puede, que la inferencia es falsa y que lo que muestran las pruebas es peor. Una conspiración puede exponerse y detenerse. Lo que el registro documenta en realidad es una estructura que se reproduce sin instrucciones, selecciona su propio personal, fabrica su propia sinceridad y se beneficia de las teorías conspirativas que se cuentan sobre ella.
Por qué parece coordinado
Empecemos por el caso que más se parece a una conspiración, porque el capítulo 16 ya lo documentó. Cuando Estados Unidos derrocó al gobierno de Guatemala en 1954, el secretario de Estado era un antiguo abogado de la United Fruit Company, su hermano dirigía la CIA y había estado vinculado a la asesoría del consejo de la empresa, y la operación sirvió con precisión a los intereses de la compañía. Aquí está, seguramente, la sala.
Pero mire más de cerca lo que muestran realmente los documentos (todos desclasificados desde entonces) y la sala se disuelve. Nadie sobornó a los hermanos Dulles; no hacía falta decirles lo que necesitaba la United Fruit, porque habían pasado treinta años convirtiéndose en la clase de hombres a los que no hay que decírselo. El bufete, el club, el consejo y el departamento eran un continuo social único que seleccionaba una única visión del mundo, y los hermanos creían sinceramente que el interés de la empresa, la estabilidad del hemisferio y la preferencia de Dios por la libre empresa eran una sola cosa. Eso no es una conspiración. Es algo más barato y mucho más duradero: intereses convergentes más formación compartida, que producen un comportamiento coordinado sin coordinador, del mismo modo en que mil estorninos giran juntos sin un ave guía.1
C. Wright Mills defendió exactamente esto en 1956, en el libro cuyo título suele leerse mal como una tesis conspirativa. La élite del poder, insistía, no es una camarilla secreta sino tres jerarquías entrelazadas (empresarial, militar, política) cuyo personal de cúpula circula por los mismos puestos, emparenta con las mismas familias y absorbe la misma definición de la realidad en las mismas escuelas, de modo que «la concepción de la élite del poder… no descansa en el supuesto de una conspiración»; la coincidencia de intereses hace el trabajo que de otro modo tendría que hacer un complot, abiertamente y de forma legal.2
Cómo se copia la estructura
Una estructura sin sede necesita igualmente un mecanismo de herencia, y la sociología ha pasado un siglo documentándolo.
Cría su propio personal. Pierre Bourdieu dedicó una carrera a medir cómo las escuelas de élite convierten la ventaja heredada en mérito certificado: el niño llega portando las disposiciones de su clase (el acento, la soltura, las referencias, lo que él llamó ), la escuela examina precisamente esas disposiciones y llama talento al resultado, y el graduado sale creyendo, con perfecta sinceridad, que se ganó el puesto. Así se reproduce la jerarquía y, crucialmente, se la consagra: se la hace parecer naturaleza. El capítulo 13 vio construirse la versión de masas de esta máquina; Bourdieu auditó la planta directiva.3
Fabrica su propio sentido común. Antonio Gramsci, escribiendo en una cárcel fascista cuadernos que tardaron una generación en llegar a la imprenta, se preguntó por qué los explotados se rebelan tan pocas veces, y respondió: porque el instrumento principal de la dominación no es la policía sino el aula, el periódico y el púlpito, que instalan la descripción del mundo de los gobernantes como el sentido común de todos. Llamó a ese arreglo hegemonía, y su firma es que no necesita imposición justo en los momentos en que funciona: las piscinas vaciadas del capítulo 18 se votaron. El fiscal en su juicio pidió al tribunal «impedir que este cerebro funcione durante veinte años»; los cuadernos son la respuesta del cerebro.4
Olvida que fue construida. Berger y Luckmann dieron nombre al último paso: reificación. Las instituciones las hacen personas, pero una generación después se presentan ante la siguiente cohorte como hechos de la naturaleza, «lo que hay», y las categorías del capítulo 8, inventadas en la memoria viva de un cronista portugués, se estaban midiendo con calibradores como biología dos siglos más tarde. Nada en esta crónica ha sido más trascendente que la velocidad con que un artefacto puede olvidar su propia fabricación.5
Selecciona creyentes. Ningún director necesita jamás ordenar a un periodista que halague al propietario; el periodista que necesita que se lo ordenen no llega a director. El «modelo de propaganda» de Herman y Chomsky, tomado rutinariamente por una teoría conspirativa, es su refutación explícita: cinco filtros estructurales (propiedad, publicidad, fuentes, represalias, ideología) producen una prensa complaciente a partir de periodistas del todo sinceros, cada uno de los cuales puede decir con verdad que nunca le han dicho qué escribir. El filtro no censura; contrata.6
Las pruebas incriminatorias están archivadas a la vista
La prueba más fuerte contra la teoría del comité secreto es el aspecto que tienen las cosas más parecidas a pruebas incriminatorias. Son documentos públicos, y resultan sorprendentemente banales.
En 1947, treinta y nueve economistas, historiadores y periodistas se reunieron en un hotel de Mont Pèlerin, sobre el lago Lemán, para organizar la larga campaña intelectual contra el acuerdo de posguerra. Fundaron una sociedad, publicaron una declaración de objetivos y celebraron congresos con actas. En 1971, dos meses antes de su nominación al Tribunal Supremo, el abogado corporativo Lewis Powell escribió un memorando confidencial para la Cámara de Comercio estadounidense en el que sostenía que la libre empresa estadounidense estaba bajo asalto y que el mundo empresarial debía construir, con paciencia y abiertamente, un contraestablishment: cátedras financiadas, libros de texto vigilados, académicos afines, fundaciones jurídicas permanentes. El memorando se filtró en menos de un año, sin escándalo alguno, y la recomendación simplemente se llevó a cabo: los think tanks, los bufetes de litigio estratégico y las cátedras dotadas de la década siguiente, varios de los cuales ya ha encontrado esta crónica, se ajustan a su programa lo bastante como para que los historiadores solo discutan grados de influencia.7
Fíjese en lo que no son estos documentos. No son planes para hacer nada secreto; son exhortaciones a hacer abiertamente lo que el dinero puede hacer legalmente: financiar, publicar, dotar, litigar, repetir. Por eso pudieron filtrarse sin consecuencias. La conspiración es el instrumento caro que se necesita cuando la estructura no hace el trabajo por sí sola. Donde los incentivos ya están alineados, la coordinación puede publicarse, levantarse en acta y desgravarse fiscalmente, y así se hace. La Conferencia de Berlín publicó su Acta General; la Administración Federal de Vivienda imprimió sus criterios de línea roja en un manual; el memorando Powell se envió por correo. El escándalo del archivo no es que esté oculto. Es que está archivado.
Creerse las propias mentiras
La última exigencia del sistema es psicológica. Sus operadores tienen que poder hacerlo funcionar mientras se viven a sí mismos como decentes, y el registro de esta crónica es que en su inmensa mayoría lo logran. Zurara lloró por los esclavizados de Lagos mientras inventaba el argumento para esclavizarlos, y no hay razón para dudar ni de las lágrimas ni de la creencia. Los misioneros del capítulo 10 creían sinceramente. El obispo Classe creía sinceramente. Los directivos de Exxon del capítulo 19 leyeron las proyecciones de sus propios científicos y financiaron la duda de todos modos, y el registro interno sugiere menos villanía carcajeante que una convicción lenta y motivada de que los modelos seguramente eran demasiado pesimistas, de que la economía iba primero, de que alguien lo resolvería.
El biólogo Robert Trivers suministra el mecanismo: el autoengaño evoluciona al servicio del engaño, porque el mentiroso más convincente es el que se ha engañado primero a sí mismo y no muestra la tensión del fraude consciente. Amplifíquelo a través de las escuelas de Bourdieu y los medios giratorios de Mills y obtendrá una élite que no finge que sus privilegios son merecidos y su sistema benévolo: ha sido cuidadosamente criada para ser incapaz de verlo de otro modo, y su sinceridad no es una circunstancia atenuante, sino el producto culminante de la estructura: el salario psicológico del capítulo 20, pagado en la cúspide de la pirámide en la moneda de la propia estima. La frase de Sinclair sobre el salario, de un hombre que acababa de ver cómo una campaña de prensa de un millón de dólares convencía a California de que un novelista era un bolchevique, es toda esta sección en veinticinco palabras.8
La prueba de la filtración
Nada de esto significa que no existan conspiraciones. Esta crónica está llena de ellas: y en el capítulo 16, la campaña de COINTELPRO contra el movimiento de derechos civiles, la coordinación de la industria tabacalera, el conocimiento interno de Exxon. Pero observe qué tienen en común todas las reales: fueron pequeñas, de objetivo limitado, de duración limitada, y se filtraron. Ocho aficionados vaciaron una oficina del FBI en Media, Pensilvania, en 1971 y acabaron con COINTELPRO mediante un envío postal. Los golpes de la CIA están en su propio membrete desclasificado. Los archivos del tabaco salieron en un litigio; los memorandos de Exxon, en el periodismo. Los secretos guardados por miles se degradan en años, una tasa de fallo que puede modelizarse matemáticamente, y se ha modelizado.9
Aplique ahora la prueba al patrón de cinco siglos. Un complot que abarcara veinte generaciones y millones de participantes sería el objeto más catastróficamente propenso a filtrarse de la historia, y no ha producido ningún memorando, porque no hay memorando que producir. Entretanto, lo que sí existe puede medirse a la vista: cuando unos politólogos contrastaron cerca de dos mil resultados de política pública estadounidense con las preferencias del votante mediano y de las élites económicas, las preferencias de las élites predecían la política y las del votante mediano, una vez controlada la opinión de las élites, no predecían casi nada. Ese hallazgo no necesitó informante ni filtración. Necesitó una hoja de cálculo, porque el poder estructural, a diferencia de la conspiración, no se esconde. No puede; está hecho de instituciones.10
Y aquí la crónica debe añadir su observación más fea: la teoría conspirativa no es meramente una rival equivocada del análisis estructural; es uno de los mecanismos de defensa de la propia estructura. Cuando la producción de la máquina se vuelve demasiado visible para negarla, llega la teoría a darle un rostro, y el rostro que se le da, desde los Protocolos de los sabios de Sion pasando por la propaganda nazi del capítulo 15 hasta la doctrina del «reemplazo» del capítulo 20, es con monótona regularidad judío. El complot falsificado personaliza lo impersonal, redirige la ira de los propios perdedores blancos del sistema de castas desde el sistema hacia un chivo expiatorio, y protege así los mismos arreglos que dice desenmascarar. Una crónica que traficara con conspiraciones no solo estaría equivocada. Sería un elemento portante.
¿Disuelve la estructura la culpa? Si la élite es criada en su ceguera, seleccionada por su sinceridad y coordinada por nada más que incentivos, ¿ha absuelto calladamente este capítulo a todos aquellos a quienes diecinueve capítulos acusaron?
No, y el registro muestra por qué. En cada bisagra, individuos con nombre tuvieron alternativas vivas delante y eligieron: algunos médicos se afiliaron a las sociedades eugenésicas y otros declararon contra ellas; algunos clérigos defendieron el orden racial y otros, a un coste real, no; los miembros del Consejo de Seguridad del 21 de abril de 1994 escucharon los argumentos a favor del refuerzo antes de votar la retirada. La estructura explica por qué eliminar a un villano cambia tan poco; no convierte las decisiones en meteorología. La crónica da nombres no porque los nombres sean la explicación, sino porque la responsabilidad es lo único de esta historia que no se reproduce solo. Y la defensa de la sinceridad fracasa en sus propios términos: una formación que vuelve a los poderosos incapaces de ver el daño que administran es un fracaso moral que costó siglos de esfuerzo construir, y sus beneficiarios financian su mantenimiento.
Hacia delante
Con esto se cierra el quinto movimiento de la crónica. La máquina ha quedado descrita a escala completa: la frontera (capítulo 1), el imperio que la hizo portátil (capítulos 2 a 7), la raza que la industrializó (8 a 11), la nación que la escolarizó (12 a 15), el sistema de castas que la defiende sin comité (16 a 21). Lo que sigue es el aspecto que tiene todo el aparato visto desde abajo, en un país pequeño que lo recibió todo: la etnografía misionera, el carné de identidad, los obispos sinceros, el abandono estructural, y ninguna conspiración en ninguna parte, solo la máquina, funcionando. La parte VI empieza en las colinas, antes de que llegara la máquina.
Notas
- Stephen Kinzer, The Brothers: John Foster Dulles, Allen Dulles, and Their Secret World War (Nueva York: Times Books, 2013); Piero Gleijeses, Shattered Hope (Princeton: Princeton University Press, 1991). La propia retrospectiva de la CIA, Secret History de Nick Cullather (desclasificada en 1997), es explícita sobre lo poco que hacía falta explicarle a nadie. ↩
- C. Wright Mills, The Power Elite (Nueva York: Oxford University Press, 1956), cap. 12, donde el descargo sobre la conspiración es explícito; G. William Domhoff, Who Rules America? (Englewood Cliffs: Prentice-Hall, 1967) y ediciones sucesivas para la actualización empírica. ↩
- Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron, La Reproduction (París: Minuit, 1970); Bourdieu, La Distinction (París: Minuit, 1979) y La Noblesse d'État (París: Minuit, 1989). ↩
- Antonio Gramsci, Quaderni del carcere, escritos entre 1929 y 1935, publicados entre 1948 y 1951; en inglés, Selections from the Prison Notebooks, ed. de Hoare y Nowell-Smith (Londres: Lawrence & Wishart, 1971). La petición del fiscal consta en las biografías estándar, entre ellas Giuseppe Fiori, Antonio Gramsci: Life of a Revolutionary (1965; ed. inglesa Londres: NLB, 1970). ↩
- Peter L. Berger y Thomas Luckmann, The Social Construction of Reality (Nueva York: Doubleday, 1966), parte II, sobre la reificación. ↩
- Edward S. Herman y Noam Chomsky, Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media (Nueva York: Pantheon, 1988), cuyo primer capítulo afirma en sus términos que el modelo «no es una teoría de la conspiración»; la selección la hace el mercado. ↩
- Sobre Mont Pèlerin: Philip Mirowski y Dieter Plehwe (eds.), The Road from Mont Pèlerin: The Making of the Neoliberal Thought Collective (Cambridge, MA: Harvard University Press, 2009). El memorando Powell, «Attack on American Free Enterprise System» (23 de agosto de 1971), está publicado íntegro por el Archivo Powell de la biblioteca jurídica de la Universidad Washington and Lee; sobre su posteridad, Kim Phillips-Fein, Invisible Hands (Nueva York: Norton, 2009), que también es cuidadosa con los límites de su influencia. ↩
- Robert Trivers, The Folly of Fools: The Logic of Deceit and Self-Deception in Human Life (Nueva York: Basic Books, 2011); Ziva Kunda, «The Case for Motivated Reasoning», Psychological Bulletin 108:3 (1990), pp. 480–498; Upton Sinclair, I, Candidate for Governor: And How I Got Licked (Pasadena: el autor, 1935), sobre la campaña contra su candidatura EPIC de 1934. ↩
- Betty Medsger, The Burglary: The Discovery of J. Edgar Hoover's Secret FBI (Nueva York: Knopf, 2014); David Robert Grimes, «On the Viability of Conspiratorial Beliefs», PLOS ONE 11:1 (2016), e0147905, para el modelo de degradación. ↩
- Martin Gilens y Benjamin I. Page, «Testing Theories of American Politics: Elites, Interest Groups, and Average Citizens», Perspectives on Politics 12:3 (2014), pp. 564–581. Sobre los Protocolos y la función política del conspiracionismo, Norman Cohn, Warrant for Genocide (Londres: Eyre & Spottiswoode, 1967); Richard Hofstadter, «The Paranoid Style in American Politics», Harper's Magazine, noviembre de 1964. ↩
Quiénes intervinieron
- Figuras
Antonio Gramsci
Common sense, audited
Mussolini’s prosecutor demanded the court stop this brain from functioning for twenty years; in his cell, in notebooks that took a generation to reach print, the brain worked out why stopping brains is rarely necessary. Domination’s main instrument is not the police but the schoolroom, the newspaper and the pulpit, which install the rulers’ description of the world as everyone’s common sense; he called the arrangement hegemony, and its signature is that it needs no enforcement at exactly the moments it is working.
Gramsci, Selections from the Prison Notebooks (1971)
- Figuras
C. Wright Mills
The coincidence of interest, mapped
The Columbia sociologist whose Power Elite (1956) is routinely misread as a conspiracy claim and was written as its refutation: three interlocking hierarchies, corporate, military and political, whose personnel circulate among the same posts and absorb the same definition of reality at the same schools, producing coordination that needs no committee. He died at forty-five, having spent his last years insisting that the elite’s power was structural, legal, and conducted in the open.
Mills, The Power Elite (1956)
- Figuras
Pierre Bourdieu
Inheritance, audited as merit
A postman’s son from the Pyrenees who reached the Collège de France and spent his career measuring the machine that had admitted him: elite schools examine the dispositions a child inherits, the accent, the ease, the references, and certify the result as talent, so that the hierarchy is reproduced and consecrated in the same motion. His word for the inherited equipment, habitus, is the answer to the question of how a structure coordinates its personnel without instructions: it raises them.
Bourdieu and Passeron, La Reproduction (1970) · Bourdieu, La Noblesse d’État (1989)
- Facciones
The Mont Pelerin Society
The long campaign, with proceedings
Thirty-nine economists, historians and journalists met at a hotel above Lake Geneva in 1947 to organise the intellectual campaign against the postwar settlement, and did it in the manner of a learned society: a statement of aims, conferences, proceedings. It is what actual elite coordination looks like, which is why conspiracy theorists ignore it: public, minuted, tax-deductible, and patient enough to wait thirty years for its moment.
Mirowski and Plehwe (eds), The Road from Mont Pèlerin (2009)
- Figuras
Lewis F. Powell Jr.
The counter-establishment, minuted
Two months before his nomination to the Supreme Court he wrote a confidential memorandum for the Chamber of Commerce urging business to build a counter-establishment: funded chairs, monitored textbooks, standing legal foundations. It leaked within a year, to no scandal, because it proposed nothing secret and nothing illegal, and the think tanks of the following decade match its programme closely. It is the nearest thing the postwar caste system has to a founding document, and it is filed in a university library.
Powell Archives, Washington and Lee University · Phillips-Fein, Invisible Hands (2009)
- Figuras
Upton Sinclair
The salary, named
His novel about the Chicago stockyards moved a president to regulate meat rather than wages, and he summarised the lesson himself: he aimed at the public’s heart and by accident hit it in the stomach. Twenty-eight years later, after a million-dollar press campaign convinced California that a novelist was a Bolshevik, he compressed the sociology of ideology into a single sentence about a man’s salary and his understanding, which this chronicle uses as the epigraph it is.
Sinclair, I, Candidate for Governor (1935)
- Figuras
Robert Trivers
The sincerity, explained
His theory of self-deception supplies the psychological load-bearing wall of this chronicle: deceiving yourself first makes you a better deceiver of others, because the sincere show none of the strain of conscious fraud. Scaled up through schools and careers, it explains the observation that recurs from Zurara to the oil companies: the operators of the machine are not pretending to believe in it. They have been raised to be unable to see it.
Trivers, The Folly of Fools (2011)
- Figuras
Martin Gilens and Benjamin Page
The spreadsheet, not the leak
They tested nearly two thousand American policy outcomes against the preferences of median voters and economic elites, and found that elite preferences predicted policy while the median voter’s, once elite opinion was controlled for, predicted almost nothing. The finding required no informant, no leak and no theory of a hidden hand, which is the point: structural power, unlike conspiracy, does not hide, because it is made of institutions.
Gilens and Page, Testing Theories of American Politics (2014)