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Capítulo № 09 · 1492 – 1621

Colón, los taínos y el pueblo que alimentó a los peregrinos

Lo que encontraron los invasores, lo que hicieron con ello, y lo que dijeron de ellos sus propios contemporáneos.

The first crossingTisquantum, kidnapped 1614Guanahaní12 October 1492La IsabelaSeventeen ships and 1,200 men, 1493Santo DomingoHispaniolaTaínoPatuxetCleared, planted, and emptyMystic1637Palos de la FronteraSailed 3 August 1492MálagaWhere Tisquantum was soldAtlantic Ocean2 000 kmN
Atlas Dónde ocurrió. Two encounters on one ocean, a century apart. Below, the Caribbean, where a labour assessment was written on the first day and a royal commissioner sent the discoverer home in chains eight years later. Above, New England, where the Pilgrims settled on a cleared, already-farmed site called Patuxet because an epidemic had emptied it, and where the man who spoke to them in English did so because he had been kidnapped and sold at Málaga six years earlier.
Cronología

Cuándo ocurrió

  1. 12 October 1492 First contact The journal entry that day is a labour assessment and a force estimate.
  2. 1493 The second voyage Not exploration: seventeen ships and around 1,200 men, sailing to occupy.
  3. 1495 The tribute system, and the first slave shipment A gold quota it was not physically possible to meet; 550 captives loaded, about 200 died at sea.
  4. 1495–96 The war on Hispaniola Cavalry, war dogs and crossbows against people who fought with wooden weapons.
  5. 1500 Bobadilla sends Columbus home in chains Twenty-three witnesses, including his own allies.
  6. 1514 The repartimiento count Roughly 26,000 Indigenous people left on the island under Spanish authority.
  7. 1550–51 The Valladolid debate Las Casas against Sepúlveda. Spain argued about it, which means the alternative was thinkable.
  8. 1614 Tisquantum kidnapped Taken by one of John Smith’s captains and sold at Málaga.
  9. 1616–1619 The coastal epidemic Mortality among the coastal Wampanoag estimated at 75 to 90 per cent.
  10. 1620 Plymouth founded on the site of Patuxet Fields already broken; the colony survives its first winter on corn taken from Native caches.
  11. 1637 Mystic A palisaded Pequot village surrounded at dawn and burned; 400 to 700 killed, mostly women, children and elders.
  12. 1753 Franklin on the defectors Europeans who had lived among Indigenous peoples kept refusing to come back. The reverse was rare.
  13. 2006 The Bobadilla report published Located at Simancas by Consuelo Varela, four centuries after it was filed.
"A man of his time" fails on the documents: his own government investigated him, arrested him and stripped him of his governorship, by a fifteenth-century Spanish standard. The Bobadilla report was thought lost for four centuries and published in 2006.

Los términos marcados llevan una definición breve: pasa el cursor o toca en pantalla táctil.

«No llevan armas, ni las conocen… Serían buenos servidores… Con cincuenta hombres los subyugaríamos a todos y les haríamos hacer lo que quisiéramos.»

— Cristóbal Colón, entrada del diario, 12 de octubre de 1492, el primer día

Eso se escribió el día del primer contacto. No después de una traición, no después de una guerra, no en el fragor de nada. El primer día, tras ser recibido por gente que nadó hasta sus naves llevando papagayos, algodón y comida, la reacción registrada de Colón fue una evaluación de mano de obra y un cálculo de fuerzas.

Este capítulo tiene dos mitades, porque la pregunta tiene dos mitades. La primera es qué ocurrió en el Caribe y cómo lo juzgaron los españoles de entonces, no nosotros, ellos. La segunda es qué encontraron los colonos ingleses más al norte y por qué describieron un paisaje gestionado, productivo y bien alimentado como un desierto vacío.

Quiénes estaban allí

La gente con la que Colón se encontró en las Bahamas y en La Española se llamaba a sí misma, según los términos que registraron los europeos, taína. Eran horticultores de lengua arahuaca que llevaban siglos en las islas: cultivaban yuca, batata, maíz, frijol, calabaza, cacahuete y algodón en montículos de tierra elevados llamados , un sistema intensivo bien adaptado a aquellos suelos; pescaban con redes, corrales y rémoras; vivían en aldeas de unos cientos a unos miles de personas bajo jefes hereditarios llamados ; jugaban a un juego de pelota en canchas construidas; tenían una vida religiosa organizada en torno a figuras talladas que los españoles transcribieron como cemíes; y tenían rutas comerciales que conectaban las islas con el continente.1

No eran un paraíso ni una fantasía. Peleaban con sus vecinos; los caribes del sur eran rivales, y la sociedad taína estaba estratificada. Pero en todos los puntos que importan para el encuentro, el registro europeo coincide consigo mismo: eran generosos, iban sin armadura, regalaban cosas y no atacaron.

Lo que se hizo, en palabras de las propias fuentes

El segundo viaje, en 1493, no fue exploración. Diecisiete naves y unos 1.200 hombres zarparon para ocupar. Lo que siguió en La Española está documentado en fuentes españolas escritas por españoles, varios de ellos partidarios del propio Colón.

El sistema de tributo. Desde 1495, todo taíno mayor de catorce años de los distritos auríferos debía entregar una cantidad fija de oro en polvo cada tres meses y llevar una ficha que lo acreditara. En los distritos sin oro se sustituía por algodón. No había oro suficiente en los ríos de La Española para cumplir la cuota; era físicamente imposible cumplir. Las Casas consigna que el castigo por incumplimiento incluía cortar las manos.2

Los envíos de esclavos. En febrero de 1495 se cargaron unos 550 cautivos con destino a España. Michele da Cuneo, un caballero italiano que navegaba con Colón y escribía a un amigo en su tierra, consigna que unos 200 murieron en la travesía y fueron arrojados al mar. La misma carta describe, en tono jactancioso, la violación por Cuneo de una mujer cautiva que Colón le había regalado.3 No es el testimonio de un enemigo. Es un participante, escribiendo en clave social, esperando aprobación.

La guerra de 1495–96. Caballería, perros de guerra y ballestas contra gente que luchaba con armas de madera. Las Casas describe ahorcamientos y quemas en masa; de niño, en Sevilla, había visto el regreso triunfal de Colón, después fue a las islas como colono y él mismo dueño de esclavos, y cambió de bando.

Grabado de Theodor de Bry que muestra a soldados españoles matando a indígenas, de una edición de Las Casas
Los grabados de Theodor de Bry para Las Casas, década de 1590. De Bry era un editor protestante con una agenda antiespañola, y estas estampas son propaganda, la base de la «leyenda negra». Son también ilustraciones de un texto escrito por un obispo español que había estado allí. Ambas cosas son ciertas, y el historiador honesto las sostiene juntas en vez de usar la primera para descartar la segunda.Theodor de Bry · Wikimedia Commons · dominio público

Juzgado criminal en su época, por España

La afirmación de que Colón era «un hombre de su tiempo» no resiste los documentos. Su propio gobierno lo investigó, lo detuvo y lo despojó de su gobernación.

En 1500 la Corona envió a Francisco de Bobadilla a La Española como comisionado real con autoridad sobre Colón. Bobadilla tomó declaración a veintitrés testigos, entre ellos aliados del propio Colón, y devolvió a Colón y a sus hermanos a España encadenados. Durante mucho tiempo se creyó perdido el informe; fue localizado en el Archivo General de Simancas y publicado por la historiadora Consuelo Varela en 2006. Su contenido incluye: una mujer paseada desnuda y azotada por las calles bajo la acusación de fingir un embarazo; a un hombre le cortan las orejas y la nariz; colonos ahorcados por faltas menores; la venta de niñas indígenas, con la nota (atribuida al hermano de Colón) de que las de nueve o diez años tenían demanda.4

Colón fue liberado y se le concedieron más viajes; la objeción de la Corona iba tanto contra su mal gobierno de los españoles como contra su trato a los taínos. Eso no debilita el argumento. El criterio que se aplicaba era un criterio español del siglo XV, y según él su conducta fue lo bastante excesiva como para justificar una detención. Siguió un siglo de discusión dentro de España sobre la legalidad de la conquista: la Junta de Valladolid de 1550–51, Las Casas contra Sepúlveda, las lecciones de Vitoria en Salamanca sobre si los indios tenían derechos. España discutió esto. Concluyó, mayormente, a favor de la conquista. Pero discutió, lo que significa que la alternativa era pensable entonces y fue pensada.

El colapso, y cómo describirlo con honradez

Las cifras de población de La Española antes del contacto van de unos 100.000 a varios millones, y el margen es un desacuerdo académico genuino, no retórico. Lo que no se discute es la dirección y la velocidad: en el recuento del de 1514 quedaban unos 26.000 indígenas en la isla bajo autoridad española; en otra generación, los taínos habían dejado de existir como entidades políticas organizadas en las Antillas Mayores.5

La mayoría de las muertes fueron por enfermedad. Es cierto y no es exculpatorio, por tres razones. El trabajo esclavo en las minas y la destrucción del sistema de conucos produjeron hambre y agotamiento, que es lo que convierte una epidemia en un colapso demográfico. La reproducción se desplomó al romperse las familias y morir la gente de trabajo. Y cuando la fuerza de trabajo falló, los españoles la sustituyeron: primero con razias en otras islas, después importando africanos esclavizados, cuyos primeros envíos llegaron en la primera década del siglo XVI.

Una corrección que importa. «Los taínos fueron exterminados» es en parte una afirmación colonial: los estudios genéticos de las poblaciones caribeñas actuales muestran una ascendencia indígena sustancial, y hoy hay comunidades en Puerto Rico, la República Dominicana y Cuba que reivindican descendencia e identidad taínas.6 Un pueblo puede ser destruido como orden político y cultural sin que muera cada persona, y declararlo extinguido resultaba administrativamente cómodo.

La otra mitad: lo que encontraron los ingleses

Vamos al norte y un siglo más adelante. El relato habitual es el de un pequeño grupo de refugiados religiosos que desembarca en una costa salvaje y sobrevive por la fe y el trabajo, ayudado por un indio amistoso que hablaba inglés.

Empecemos por ese indio, porque es toda la historia comprimida. Tisquantum (Squanto) hablaba inglés porque había sido secuestrado en 1614 por Thomas Hunt, uno de los capitanes de John Smith, llevado a Málaga y vendido. Se abrió camino hasta Inglaterra, trabajó allí y volvió a casa hacia 1619 para encontrar vacía su aldea de Patuxet. Una epidemia entre 1616 y 1619, casi con certeza introducida por contactos europeos anteriores, había matado a la mayoría de los wampanoag de la costa; la mortalidad en algunas comunidades se estima entre el 75 y el 90 por ciento.7

Los peregrinos se asentaron en el emplazamiento de Patuxet en 1620. Estaba despejado, tenía campos ya roturados y estaba vacío porque sus habitantes habían muerto. Su propio relato, la Mourt's Relation, describe cómo encontraron y tomaron cestos de maíz almacenado de los depósitos indígenas; lo consignan sin rodeos y anotan la intención de pagarlo más adelante. La colonia sobrevivió a su primer invierno con ese maíz y con la decisión diplomática de Massasoit, de los wampanoag, de aliarse con una banda débil de recién llegados contra potencias rivales.

El «desierto» era una granja

Los ingleses describieron el país como un desierto aullador, y sus descripciones de su abundancia son al mismo tiempo extáticas: fresas bajo los cascos de los caballos, ríos tan llenos de peces que se podía cruzar caminando sobre sus lomos, robledales como un parque inglés. Ambas descripciones eran sinceras y ambas erraban del mismo modo. Changes in the Land, de William Cronon, es la demostración clásica: la abundancia estaba producida.8

  • Quemas controladas. El bosque abierto, de aspecto de parque, del sur de Nueva Inglaterra se mantenía con fuego deliberado, prendido dos veces al año para despejar la maleza, facilitar el tránsito y la caza y favorecer el ramoneo que sostenía a los ciervos. Los colonos admiraron el efecto y no reconocieron la causa.
  • Policultivo. Maíz, frijol y calabaza cultivados juntos en el mismo montículo (las «tres hermanas»), con el frijol fijando nitrógeno, el maíz haciendo de tutor y la calabaza dando sombra a las malas hierbas y reteniendo la humedad. Es un sistema que rinde más que los mismos cultivos por separado, no requiere arado y no agota el suelo como hacía el monocultivo inglés.
  • Un ciclo estacional. Los grupos costeros se desplazaban entre tierras de siembra, pesquerías, bancos de marisco y campamentos de invierno, tomando cada recurso en su punto álgido en vez de forzar a un solo paisaje a producir todo durante todo el año.
  • Las pesquerías como infraestructura. Corrales de piedra y, en la costa noroeste, jardines de almejas, terrazas intermareales construidas que multiplicaban por muchas veces la productividad marisquera, algunas de miles de años de antigüedad.9

Y aquí las quejas de los colonos se convierten en pruebas. Los observadores ingleses escribieron una y otra vez que los hombres indios eran holgazanes: que cazaban y pescaban, lo que en Inglaterra era ocio aristocrático, y dejaban los campos a las mujeres. Lo que describían sin entenderlo era un sistema que cubría sus necesidades con mucho menos trabajo penoso que la agricultura inglesa, porque trabajaba con la ecología y no contra ella. La cifra precisa que suele citarse (cuatro o cinco días de trabajo por semana) no puede documentarse para Nueva Inglaterra como sí puede para los estudios del Kalahari del capítulo 1, y esta crónica no va a inventarse un número. Lo que sí puede documentarse es el patrón: trabajo concentrado estacionalmente, alto rendimiento nutricional, mucho tiempo no dedicado a trabajar y observadores europeos que veían eso y lo llamaban pereza.10

La consecuencia jurídica no fue accesoria. El derecho inglés tomaba posesión de la tierra mediante la mejora, el , la morada vacía: la tierra no cercada, no arada y no habitada de forma permanente estaba legalmente disponible. Definir la gestión indígena del territorio como no agricultura no fue, por tanto, un error estético. Era el título de propiedad.

Grabado del siglo XIX de la matanza de Mystic de 1637, que muestra el incendio del fuerte pequot
Mystic, 1637. Las fuerzas inglesas y sus aliados rodearon al alba una aldea pequot empalizada y le prendieron fuego, matando a entre 400 y 700 personas, en su mayoría mujeres, niños y ancianos. El propio relato publicado del capitán John Underhill reconoce la objeción de que fue «demasiado furioso» y la responde con la Escritura.Wikimedia Commons · dominio público
Donde este capítulo discute consigo mismo

Dos barandillas. Primera, nada de esto vuelve inocentes de política a las sociedades indígenas: la alianza wampanoag con Plymouth fue una jugada calculada contra los narragansett, las naciones indígenas se hacían la guerra entre sí y algunas participaron en el comercio de cautivos. Tratarlas como víctimas puras es otra forma de negarles agencia. Segunda, los grabados de De Bry y la leyenda negra fueron armas en una guerra propagandística europea: ingleses y neerlandeses amplificaron las atrocidades españolas mientras cometían las suyas. La tesis de este capítulo no es que España fuera cruel de manera singular. Es que el registro documental de lo que se hizo, y de contemporáneos que lo objetaron, es abrumador, y que ese mismo registro muestra que el «desierto» estaba habitado, cultivado y poseído.

El detalle que nadie enseña

A lo largo del periodo colonial, un número llamativo de europeos capturados por pueblos indígenas o que vivían entre ellos se negó a volver. Cuando los cautivos eran repatriados por tratado, a muchos hubo que traerlos por la fuerza, y algunos se escaparon otra vez para regresar. Lo contrario (indígenas que adoptaran voluntariamente la vida de los colonos) era raro. James Axtell reunió las pruebas; Benjamin Franklin lo comentó en 1753, incapaz de explicarlo y algo incomodado por ello.11

Diga lo que diga eso, demuele la premisa con la que se vendieron cuatro siglos de conquista. Gente que había experimentado ambas cosas, y podía elegir, eligió con frecuencia la sociedad que se suponía inferior.

El capítulo 10 se ocupa de la institución que dejó esa elección fuera del alcance de casi todos los demás.

Notas

  1. Irving Rouse, The Tainos: Rise and Decline of the People Who Greeted Columbus (New Haven: Yale University Press, 1992); William F. Keegan y Corinne L. Hofman, The Caribbean before Columbus (Oxford: Oxford University Press, 2017). ↩
  2. Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, libro I; y su Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552). Las cifras de Las Casas se consideran ampliamente infladas; sus descripciones de las prácticas están corroboradas por otras fuentes. ↩
  3. Michele da Cuneo, carta a Gerolamo Annari, 15–28 de octubre de 1495, en Journals and Other Documents on the Life and Voyages of Christopher Columbus, ed. y trad. de Samuel Eliot Morison (Nueva York: Heritage Press, 1963), pp. 209–228. ↩
  4. Consuelo Varela e Isabel Aguirre, La caída de Cristóbal Colón: el juicio de Bobadilla (Madrid: Marcial Pons, 2006). ↩
  5. Sobre la controversia demográfica, Massimo Livi Bacci, «Return to Hispaniola: Reassessing a Demographic Catastrophe», Hispanic American Historical Review 83:1 (2003), pp. 3–51; y Noble David Cook, Born to Die: Disease and New World Conquest, 1492–1650 (Cambridge, 1998). ↩
  6. Hannes Schroeder et al., «Origins and genetic legacies of the Caribbean Taino», PNAS 115:10 (2018), pp. 2341–2346. ↩
  7. Charles C. Mann, 1491: New Revelations of the Americas Before Columbus, 2.ª ed. (Nueva York: Vintage, 2011), cap. 2; sobre la epidemia, John S. Marr y John T. Cathey, «New Hypothesis for Cause of Epidemic among Native Americans, New England, 1616–1619», Emerging Infectious Diseases 16:2 (2010), pp. 281–286. ↩
  8. William Cronon, Changes in the Land: Indians, Colonists, and the Ecology of New England (Nueva York: Hill and Wang, 1983), esp. caps. 3–5. ↩
  9. Dana Lepofsky et al., «Ancient Shellfish Mariculture on the Northwest Coast of North America», American Antiquity 80:2 (2015), pp. 236–259. Sobre los sistemas californianos, M. Kat Anderson, Tending the Wild (Berkeley: University of California Press, 2005). ↩
  10. Cronon, Changes in the Land, pp. 51–57, recoge las quejas coloniales sobre la «holgazanería» y las lee frente al ciclo estacional. ↩
  11. James Axtell, «The White Indians of Colonial America», William and Mary Quarterly 32:1 (1975), pp. 55–88; Benjamin Franklin a Peter Collinson, 9 de mayo de 1753. ↩
Dramatis personae

Quiénes intervinieron

  1. Facciones

    The Taíno

    Arawakan-speaking peoples of the Greater Antilles

    centuries before 1492 – present The people who met the ships

    Neither paradise nor fantasy

    Horticulturalists who grew cassava, maize, beans, squash and cotton in raised mounds called conucos, fished with nets and weirs, lived in villages under hereditary caciques, and ran trade routes to the mainland. They fought with neighbours and their society was stratified; they were a society, not a myth. And "the Taíno were exterminated" is itself partly a colonial claim: genetic studies show substantial Indigenous ancestry in the modern Caribbean, and communities assert Taíno descent today.

    Rouse, The Tainos (1992) · Schroeder et al., PNAS 115:10 (2018)

  2. Figuras

    Christopher Columbus

    Cristoffa Corombo · Cristóbal Colón

    1451 – 1506 Admiral and governor of the Indies

    The enterprise, and his share of it

    On the first day, met by people who swam out bringing parrots, cotton and food, his recorded reaction was a labour assessment and a force estimate: they do not bear arms, they would make fine servants, with fifty men we could subjugate them all. The defence that he was a man of his time fails on the documents: his own government investigated him, arrested him, and sent him home in chains.

    Columbus, journal, 12 October 1492

  3. Figuras

    Bartolomé de las Casas

    1484 – 1566 Colonist, then Dominican, then bishop

    Changed sides

    As a boy in Seville he watched Columbus’s triumphal return; he went out to the islands as a colonist and slaveholder himself, and then turned. His figures are widely regarded as inflated and his descriptions of practice are corroborated elsewhere. Of the Requerimiento (the text read aloud to people who could not understand it before an attack), he said he did not know whether to laugh or to weep.

    Las Casas, Brevísima relación (1552)

  4. Figuras

    Francisco de Bobadilla

    d. 1502 Royal commissioner to Hispaniola, 1500

    The Crown’s audit

    Sent with authority over Columbus, he took testimony from twenty-three witnesses (including Columbus’s own allies), and shipped the admiral and his brothers back to Spain in irons. His report was thought lost for four hundred years and was found at Simancas and published in 2006. The standard it applied was a fifteenth-century Spanish standard, and by it the conduct was excessive enough to warrant arrest.

    Varela & Aguirre, La caída de Cristóbal Colón (2006)

  5. Figuras

    Michele da Cuneo

    fl. 1490s Gentleman of the second voyage

    A witness who expected approval

    His 1495 letter to a friend at home is one of the most damning documents of the encounter precisely because it is not an accusation. It records, in a boastful register, the rape of a captive woman Columbus had given him, and notes that of some 550 captives shipped for Spain about 200 died on the crossing and were thrown into the sea. This is a participant, writing socially, expecting to be admired.

    Cuneo to Gerolamo Annari, October 1495

  6. Facciones

    The Wampanoag

    long before 1620 – present People of the first light

    A calculated alliance

    Massasoit’s decision to ally with a weak band of newcomers was not hospitality but statecraft, aimed at the rival Narragansett. Their country was the "howling wilderness" the English described and simultaneously praised for abundance, an abundance produced by controlled burning twice a year, by maize, beans and squash grown together in one mound, and by a seasonal round that took each resource at its peak.

    Cronon, Changes in the Land (1983)

  7. Figuras

    Tisquantum

    Squanto

    d. 1622 Of Patuxet; interpreter at Plymouth

    Survivor of both worlds

    He spoke English because he had been kidnapped in 1614 by one of John Smith’s captains, taken to Málaga and sold. He worked his way to England, and got home around 1619 to find his village empty: an epidemic between 1616 and 1619 had killed most of the coastal Wampanoag. The Pilgrims settled on the site of Patuxet the following year, on fields already broken, because its inhabitants had died.

    Mann, 1491, 2nd ed. (2011), ch. 2

  8. Figuras

    William Cronon

    b. 1954 Environmental historian

    The wilderness was a farm

    Changes in the Land showed that the New England the colonists admired was a managed landscape: open, park-like woodland maintained by deliberate fire; polyculture that outperformed the same crops grown apart and did not exhaust the soil. The settlers’ own complaint that Indian men were idle is the evidence: they were describing a system that met its needs with less drudgery than English farming, and calling it laziness. English law took land through improvement, so defining Indigenous management as non-agriculture was the title deed.

    Cronon, Changes in the Land (1983)

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El contenido está anotado; se agradecen las correcciones.