El problema de una Ruanda exitosa
Lo que muestra el historial de desarrollo, en qué consiste la crítica, y cómo distinguir lo uno de lo otro.
Cuándo ocurrió
- 1994 Life expectancy around 28 years Under-five mortality above 150 per 1,000. No health insurance. No functioning state.
- from 1999 Mutuelles de santé Community-based health insurance with premiums scaled to household category, one of the few functioning universal-coverage schemes in a low-income country.
- 2003 A new constitution; the ethnic identity card abolished A single Rwandan citizenship, and the end of the document Belgium introduced in 1933.
- 2008 Women take a majority of the lower house Around 60 per cent, the highest in the world, held ever since. The same year, one of the earliest and strictest national bans on single-use plastic bags.
- 2010 Kagame re-elected with 93 per cent Victoire Ingabire imprisoned after returning to contest it. Results of that shape are not evidence of popularity.
- 31 December 2013 Patrick Karegeya strangled in Johannesburg A South African inquest concluded that Rwandan state agents were responsible.
- 2015 A referendum resets term limits Reported as passing with over 98 per cent support, permitting a presidency into the 2030s.
- 2019 The poverty statistics disputed The government contests the criticism. What is not contested is that poverty remains high and rural inequality has grown alongside urban development.
- 2020 Rusesabagina taken onto an aircraft in Dubai Delivered to Kigali, which by any ordinary definition is a rendition.
- 2022–24 The British asylum scheme Rwanda simultaneously safe enough to receive Britain’s refugees and unsafe enough to be lectured. The two positions were never reconciled because they were never about Rwanda.
- 2024–25 M23 takes Goma UN Group of Experts reports document Rwandan support, including RDF personnel on Congolese territory. Rwanda denies the characterisation. The suffering is real, and the FDLR’s existence explains the security interest without licensing everything done under it.
Los términos marcados llevan una definición breve: pasa el cursor o toca en pantalla táctil.
«En 2022 el gobierno británico argumentó ante sus propios tribunales que Ruanda era un país seguro al que podía deportar a solicitantes de asilo, mientras los comentaristas británicos la describían como un Estado represivo. Ambas posiciones se sostuvieron a la vez, por el mismo país, sobre el mismo país.»
— una observación sobre la fiabilidad de los juicios occidentales acerca de RuandaEste es el capítulo más difícil de escribir con honradez de toda la crónica, y conviene nombrar la dificultad desde el principio.
Hay un registro real de desarrollo, y es notable. Hay críticas reales, y algunas son serias y están bien documentadas. Existe además un movimiento bien organizado, descrito en el capítulo 27, cuyo interés en esas críticas es que relitigan 1994. Y existe un patrón duradero (el tema de toda esta crónica) según el cual la competencia africana se recibe como sospechosa y el fracaso africano como confirmación.
Un capítulo que informara solo del primer punto sería propaganda. Uno que informara solo del segundo estaría haciendo el trabajo del tercero. Este intenta los cuatro, por orden.
Qué se construyó realmente
Empecemos por el aspecto que tiene, treinta años después, un Estado que dejó de existir en 1994.
| Indicador | Mediados de los noventa | Reciente |
|---|---|---|
| Esperanza de vida al nacer | Unos 28 años (1993) | Unos 67–70 años |
| Mortalidad de menores de cinco años | Más de 150 por 1.000 nacidos vivos | Unos 40 por 1.000 |
| Cobertura de seguro sanitario | Ninguna | Sistema comunitario que cubre a la gran mayoría de la población |
| Mujeres en la cámara baja del parlamento | — | Alrededor del 60 por ciento, la más alta del mundo desde 2008 |
| Crecimiento real del PIB | — | Promedio en torno al 7–8 por ciento anual en las dos décadas hasta 2019 |
Los detalles importan tanto como los agregados. Las (seguro sanitario comunitario con primas escaladas según la categoría del hogar) se construyeron casi de la nada y son uno de los pocos sistemas de cobertura universal que funcionan en un país de renta baja. Una red nacional de agentes de salud comunitarios, elegidos por sus propias aldeas, atiende la primera línea. Ruanda fue el primer país de renta baja en desplegar a gran escala la vacunación contra el VPH. Los hemoderivados llegan a clínicas remotas mediante drones autónomos, lo que no es un artificio; es una solución a un problema logístico real en un país de colinas.
Más allá de la salud: matriculación primaria casi universal; una clasificación en materia de corrupción consistentemente entre las mejores de África y mejor que la de varios Estados miembros de la UE; una de las prohibiciones nacionales más tempranas y estrictas de las bolsas de plástico de un solo uso (2008); el , la mañana mensual de trabajo comunitario obligatorio; y la abolición del carné de identidad étnico del capítulo 24, junto con un marco jurídico construido en torno a una única ciudadanía ruandesa.
Ruanda es además, per cápita, uno de los mayores contribuyentes de tropas y policía a las operaciones de paz de las Naciones Unidas en el mundo, y desplegó fuerzas en Cabo Delgado (Mozambique) a petición de Maputo. Un país al que la comunidad internacional abandonó en 1994 suministra ahora los cascos azules de esa comunidad.
La crítica, enunciada con toda su fuerza
He aquí el argumento en contra, tal como lo formulan sus defensores más serios. Esta crónica no lo despacha con un gesto.
La competencia electoral no existe en ningún sentido significativo. Paul Kagame ha ganado elecciones presidenciales con el 95, el 93 y el 99 por ciento de los votos. Un referéndum constitucional de 2015, que según se informó se aprobó con más del 98 por ciento de apoyo, reinició los límites de mandato de una forma que le permite seguir en el cargo hasta la década de 2030. Resultados electorales de esa forma no son prueba de popularidad; son prueba de que la contienda no está abierta.
La política de oposición tiene un coste real. Victoire Ingabire fue encarcelada tras regresar para concurrir a las elecciones de 2010 y liberada por gracia presidencial en 2018. Diane Rwigara fue descalificada y procesada, y luego absuelta. Periodistas y comentaristas han sido encarcelados, y varios han desaparecido.
Hay pruebas creíbles de violencia contra críticos en el exilio. Patrick Karegeya, antiguo jefe de la inteligencia exterior, fue estrangulado en una habitación de hotel de Johannesburgo en la Nochevieja de 2013; una investigación judicial sudafricana concluyó que fueron responsables agentes del Estado ruandés. Ha habido repetidos atentados contra la vida del general Kayumba Nyamwasa en Sudáfrica. Paul Rusesabagina (el hombre retratado en Hotel Rwanda, y un crítico declarado cuyo grupo armado asociado había reivindicado atentados) fue subido a un avión en Dubái con falsos pretextos y entregado en Kigali en 2020, lo que según cualquier definición ordinaria es una entrega extraordinaria.
El este del Congo. Este es el punto más grave, y es actual. Sucesivos informes del Grupo de Expertos de la ONU sobre la RDC (un órgano con mandato del Consejo de Seguridad) han documentado el apoyo ruandés al grupo armado , incluida la presencia de personal de la Fuerza de Defensa de Ruanda en territorio congoleño, apoyo de mando y material. La escalada de 2024–25, incluida la toma de Goma por el M23, ha producido desplazamientos masivos y muertes. Ruanda niega esa caracterización.1
Y las estadísticas están en disputa. Una investigación de 2019 planteó serias dudas sobre las revisiones de la medición de la pobreza en Ruanda, y economistas independientes han sostenido que la de pobreza declarada está sobreestimada. El gobierno lo discute. Lo que no se discute es que la pobreza sigue siendo alta (alrededor del 40 por ciento según las mediciones nacionales) y que la desigualdad rural ha crecido junto al desarrollo urbano.2
Qué dice Ruanda
Las respuestas del gobierno no son frívolas y merecen enunciarse en sus propios términos.
Sobre la competencia política: que una política de partidos étnicos sin restricciones es precisamente lo que produjo 1994; que el PARMEHUTU ganó unas elecciones libres en 1960 y las usó para organizar una expulsión; que las leyes contra la ideología genocida existen porque un movimiento genocida sigue operando desde el extranjero; y que un país donde supervivientes y perpetradores viven en la misma colina no es el lugar para importar un modelo político diseñado para sociedades sin esa historia.
Sobre el Congo: que las (descendiente organizativo directo de la fuerza que ejecutó el genocidio) llevan treinta años operando en el este del Congo, que se han integrado con unidades del ejército congoleño, que ninguna potencia externa las desarmó jamás pese a repetidas peticiones, y que un Estado cuya población fue exterminada una vez mientras el mundo miraba no aceptará un movimiento armado genocida en su frontera.
Sobre la soberanía: que los países que ofrecen sermones son los que construyeron el carné de identidad, bendijeron la teoría racial, armaron al régimen y se marcharon en abril de 1994.
El doble rasero, medido
Vamos ahora al argumento propio de la crónica, que no es que las críticas sean falsas sino que la manera en que se aplican no es consistente, y la inconsistencia sigue una línea que este libro viene rastreando desde el capítulo 8.
Considérense las comparaciones.
- Las monarquías del Golfo no celebran elecciones en absoluto, criminalizan la disidencia por completo y mantienen sistemas laborales que organismos internacionales han comparado con el trabajo forzado. Reciben visitas de Estado, contratos de armas y campeonatos del mundo.
- Egipto llegó al poder mediante un golpe contra un gobierno elegido, tiene decenas de miles de presos políticos y recibe bastante más de mil millones de dólares anuales en ayuda militar estadounidense.
- Etiopía libró una guerra en Tigray con un balance estimado de cientos de miles de muertos y sigue siendo un socio en buena posición.
- Uganda tiene el mismo presidente desde 1986 y no es, en el comentario occidental, sinónimo de autoritarismo.
- Y Estados con historiales de asesinato extraterritorial muchísimo peores que el de Ruanda no suelen describirse en términos de un Estado policial regido por una personalidad.
La cuestión no es que a Ruanda haya que juzgarla con el peor criterio disponible. Es que la intensidad y el registro del escrutinio no están calibrados a la conducta. Ruanda atrae un tipo muy particular de atención: un volumen desmedido de comentario en relación con su tamaño y su peso estratégico, un foco persistente en el carácter de un solo hombre y una insinuación recurrente de que el historial de desarrollo es de algún modo fraudulento: que las estadísticas tienen que estar cocinadas, que las calles limpias tienen que ocultar algo, que aquello no puede ser realmente lo que parece.
Esa última jugada es la señal delatora, y es la razón por la que este capítulo está en esta crónica y no en una revista de política exterior. Un país que fracasa confirma el modelo. Un país que triunfa debe ser explicado y descartado. El capítulo 11 documentó lo que se le hizo a Haití por la misma ofensa, a mayor coste y durante más tiempo. El instrumento ha pasado de las cañoneras a los informes de think tanks. La función es reconocible.
El episodio del asilo británico de 2022–24 hace concreta la incoherencia: el Reino Unido argumentó ante su propio Tribunal Supremo que Ruanda era un destino seguro y respetuoso con los derechos para las personas que deseaba deportar, mientras buena parte del comentario británico sobre Ruanda describía un Estado represivo. Ruanda era a la vez lo bastante segura para recibir a los refugiados de Gran Bretaña y lo bastante insegura como para ser sermoneada. Las dos posiciones nunca se conciliaron porque nunca trataron de Ruanda.
El argumento del doble rasero es cierto y es también peligroso, porque puede usarse para retirar cada acusación concreta sin responder a ninguna. Así que, claramente:
La hipocresía del acusador no vuelve falsa la acusación. Si agentes ruandeses mataron a Patrick Karegeya, eso es un asesinato, y que otros Estados también maten gente en el extranjero no es una defensa. Si hay fuerzas ruandesas operando en el este del Congo, el sufrimiento de allí es real, y la existencia de las FDLR explica el interés de seguridad sin autorizar todo lo que se hace al amparo de él. Un resultado electoral del noventa y nueve por ciento no se vuelve legítimo porque Arabia Saudí no celebre ninguno. Los ruandeses que tienen miedo de hablar no tienen menos miedo porque los críticos europeos sean hipócritas.
Y la versión más fuerte de la crítica no viene de Bruselas. Viene de ruandeses (entre ellos supervivientes tutsis y antiguos oficiales del FPR) que apoyaron el proyecto y dicen ahora que el espacio se ha cerrado demasiado. A esa crítica no se le puede responder señalando el historial colonial de nadie.
La posición de la crónica es, pues, esta: sostener las dos cosas. El historial de desarrollo es real e históricamente extraordinario. Las restricciones políticas son reales e imponen costes reales a personas reales. El doble rasero con que se informa de todo ello también es real, y no es un accidente: es el hábito de cuatrocientos años que describió el capítulo 8, todavía en marcha.
Por qué la competencia de un país pequeño es un gran problema
La tesis central de la crónica se reduce a algo sencillo. La jerarquía global descrita en los capítulos 8 a 21 ha descansado siempre en una proposición sobre la capacidad: que unos pueblos construyen y otros no pueden, que unos gobiernan y a otros hay que gobernarlos. Todos los capítulos de la historia de esa jerarquía han necesitado que la proposición siguiera siendo cierta.
la falsó militarmente en 1804 y se le pasó la factura hasta 1947. Ruanda la falsa administrativamente: no con retórica, sino con tasas de vacunación, cobertura de seguros, una burocracia que funciona y una capital que funciona, construidas por la gente a la que en 1994 se dejó morir por parte de todos los que ahora ofrecen consejos.
Eso resulta genuinamente intolerable para el modelo, y el modelo tiene respuestas preparadas. Puede insistir en que las cifras son falsas. Puede insistir en que un éxito comprado bajo un gobierno autoritario no cuenta, criterio que no se aplica a ninguna historia de desarrollo de Asia oriental. O puede concentrarse en un solo hombre, de modo que un logro nacional se convierta en una anomalía personal en vez de en una prueba sobre lo que los africanos pueden hacer.
La crónica no pide al lector que admire al gobierno de Ruanda. Le pide que advierta qué le ocurre al análisis cuando un Estado africano hace aquello que el análisis decía que no podía hacer, y que sopese si el juicio resultante se está formando sobre las pruebas o sobre un hábito de cuatro siglos.
Quedan dos preguntas. El capítulo siguiente mira hacia dentro, hacia la institución que formó la conciencia del país, la traicionó y sigue mandando sobre sus domingos. El que viene después pregunta qué concluye un Estado pequeño sobre su propia seguridad después de haber visto al mundo decidir, dos veces, que su exterminio era problema de otro.
Notas
- Informes del Grupo de Expertos de la ONU sobre la República Democrática del Congo, presentados anualmente al Consejo de Seguridad al amparo de sucesivas resoluciones, en particular los informes finales de 2012, 2022, 2023 y 2024; y las respuestas publicadas por el Gobierno de Ruanda. ↩
- «Rwanda: why the poverty rate is in dispute», Financial Times, agosto de 2019, y el intercambio académico que lo acompañó; An Ansoms et al., «Statistics versus livelihoods: questioning Rwanda's pathway out of poverty», Review of African Political Economy 44:151 (2017), pp. 47–65; y, para la metodología del gobierno, la serie de encuestas EICV del Instituto Nacional de Estadística de Ruanda. Para el relato crítico general, Filip Reyntjens, Political Governance in Post-Genocide Rwanda (Cambridge, 2013); para el favorable, Phil Clark, Distant Justice (Cambridge, 2018), y Stephen Kinzer, A Thousand Hills (Hoboken: Wiley, 2008). ↩
Quiénes intervinieron
- Figuras
Paul Kagame
The project, and its constraints
Born in Rwanda, raised in Ugandan exile, head of NRA military intelligence, and on a course at Fort Leavenworth when the invasion he had helped plan went wrong. He flew back, took command of a broken force, and withdrew it into the Virungas rather than fight for ground it could not hold. Effective ruler from 1994 and formally president since 2000, he has won elections with 95, 93 and 99 per cent, figures that are not evidence of popularity but of a contest that is not open.
Waugh, Paul Kagame and Rwanda (2004) · Reyntjens, Political Governance in Post-Genocide Rwanda (2013)
- Facciones
The RPF
Rwandan Patriotic Front · Front Patriotique Rwandais
A country to go back to
Formed in Ugandan exile by a generation that had been told its non-existence was permanent. Its programme on paper was not ethnic: return of refugees, national unity, an end to the system of ethnic classification. It was nearly destroyed in October 1990, rebuilt itself over a winter above three thousand metres in the Virungas, and took Kigali on 4 July 1994. It stopped the genocide. It has been the dominant political force in the country ever since.
Prunier, The Rwanda Crisis (1995)
- Figuras
Victoire Ingabire
The cost of contesting
She returned from the Netherlands to contest the 2010 election, was prosecuted and imprisoned, and was released by presidential grace in 2018. Diane Rwigara was disqualified, prosecuted, and acquitted. Journalists have been imprisoned and several have disappeared. The government’s answer — that unrestricted ethnic party politics is exactly what produced 1994, and that PARMEHUTU won a free election in 1960 and used it to organise expulsion — is not frivolous, and it is not a complete answer either.
- Figuras
Patrick Karegeya
Exile, and then a hotel room
He was strangled in a Johannesburg hotel room on New Year’s Eve 2013, and a South African inquest concluded that Rwandan state agents were responsible. Hypocrisy in the accuser does not make the accusation false: that other states also kill people abroad is not a defence, and the strongest version of the criticism does not come from Brussels but from Rwandans (including survivors and former RPF officers) who supported the project and say the space has closed too far.
- Facciones
M23
Mouvement du 23 Mars
Disputed, and documented
Successive reports of the UN Group of Experts (a body mandated by the Security Council) have documented Rwandan support for it, including the presence of Rwandan Defence Force personnel on Congolese territory, command support and materiel. Its capture of Goma in the 2024–25 escalation produced mass displacement and killings. Rwanda denies the characterisation. The suffering is real, and the FDLR’s existence explains the security interest without licensing everything done under it.
UN Group of Experts on the DRC, final reports
- Facciones
The UN Group of Experts on the DRC
The mandate
It reports annually to the Security Council, and its findings on Rwandan involvement in eastern Congo are the most serious and most current item in the case against Kigali. This chronicle does not get to cite UN findings when they are convenient and dismiss them when they are not, a rule it applies equally to the 2010 Mapping Report and to the Security Council’s own conduct in April 1994.
- Figuras
Filip Reyntjens
The critical case
The most systematic academic critic of post-genocide Rwandan governance, and a scholar whose earlier work helped draft the country’s transitional legal framework. His presence in this register is deliberate: the criticisms in chapter 28 are stated at full strength from sources like his, because a chronicle that only quoted the government’s case would forfeit the right to be believed about anything else.
Reyntjens, Political Governance in Post-Genocide Rwanda (2013)
- Figuras
Phil Clark
The sympathetic reading, argued
His fieldwork on gacaca makes the case that a locally rooted process, for all its documented failings, achieved something the international tribunal at Arusha could not: it ran where the crimes happened, in the language the witnesses spoke, at a scale no conventional judiciary could manage. He is here beside Reyntjens deliberately. Holding both readings at once is the only honest position available on this material.
Clark, The Gacaca Courts (2010) · Clark, Distant Justice (2018)